Me cuesta decir que no
Por miedo al conflicto, al abandono o al rechazo, muchas personas satisfacen la necesidad del otro y olvidan la suya. También en la cama.
Cada vez son más las personas de las que escucho que a veces mantienen relaciones sexuales con su pareja, aunque no les apetezca en ese momento. Incluso en muchas personas veo que han normalizado esta dinámica y es parte de su rutina. Se ha generado una dinámica con su pareja en la que inician el acto sexual sin siquiera parar a sentir si hay ganas o no.
He escuchado personas que justifican estas actitudes diciendo que «es normal», que «a todas las parejas les pasa esto». Otras personas que saben que les duele esta dinámica, pero aceptan para luego ganarse las caricias y abrazos de después. Otras personas que dicen que les gusta ver cómo satisfacen a su pareja, y que como le quieren y le aman, no les duele hacerlo por él, que es un acto bonito, aunque no haya deseo. Otras personas que saben que están hartas de actuar así pero no saben cómo decir que no les apetece, les da miedo que su pareja piense que ya no le atrae, les da miedo que su pareja se sienta mal. Otras que han intentado expresarle a su pareja cómo se sienten, pero no se sienten del todo comprendidas por la pareja y siguen complaciendo para no entrar en conflicto.
El caso es que, por miedo al conflicto, por miedo al abandono y/o por miedo al rechazo, hay muchas personas satisfaciendo la necesidad del otro y olvidando la suya. Y en el tema de las relaciones sexuales llega a un punto en el que estas personas no solo dejan de escuchar sus propias necesidades, sino que incluso ponen su cuerpo a disposición del otro, cosa que tiene un impacto directo en sus emociones y su físico. Podemos autoengañarnos y pensar que no pasa nada, pero en el fondo sabemos que duele, y cansa. Cuando empezamos a poner consciencia, el cuerpo empieza a gritar, a decir basta, sobre todo cuando ya son años acumulados de funcionar así. Moviéndose por y para el otro. Hasta que una dice: ¿y yo qué? Estoy mal y no sé por qué. Necesito ayuda y no sé cómo empezar. Porque se ha generado un enredo dentro suyo.
Ese enredo no son más que emociones y miedos estancados.
A veces cuesta atreverse a empezar a desenredarlo, pero es liberador. En cuanto empezamos a poner consciencia a lo que sucede, que no es más que ser honesta con una misma y empezar a mirar la realidad de frente, todo se va aclarando más.
Según mi perspectiva, pienso que en estas situaciones puede ayudar mucho empezar a escuchar y a cuidar el propio cuerpo, por ejemplo, empezar a darse espacios para estar con una misma y simplemente respirar, cuidarse, ponerse crema hidratante, hacer algo que suponga un acto de cuidado hacia el propio cuerpo. Incluso, hablar con el cuerpo, preguntarle cómo está, pedirle perdón por las veces que le has olvidado. Y de la mano de un profesional, empezar a poner consciencia, a hablar, a expresar todo lo que ese cuerpo ha ido guardando dentro de sí. Hay dolores muy fuertes que son los que guardamos más al fondo y a veces solamente por expresarlos ya no duelen tanto.
Yo, personalmente, he estado años normalizando situaciones así. Y el camino de empezar a escucharme, respetarme y cuidarme es de lo más bonito que decidí empezar a hacer.
Yo creía que era de «buena novia» satisfacer siempre a mi pareja cuando él quería, hasta que me di cuenta de que más que «buena novia», estaba siendo la novia que yo creía que él quería. ¿Por qué? Por miedo a perderle. Si yo actuaba como él esperaba de mí, inconscientemente, me aseguraba de que le tendría siempre a mi lado. Y mirar ese miedo de frente, ese miedo a perderle, me ayudó a darme cuenta de que me había perdido a mí completamente. ¿Y qué sentido tiene estar con alguien cuando ni siquiera estás tú allí? Fue entonces cuando decidí recuperarme, y volver a ser.
Si lo que comento te resulta familiar o te toca por alguna razón y te apetece hablarlo con alguien, cuenta conmigo.
Si te fijas, cada vez que no dices ese «no» al otro, por miedo a hacerle daño, te estás haciendo daño a ti. El daño que crees que le ahorras a él, te lo haces a ti.
¿Quieres seguir sacrificándote por él?
¿O encontrar la manera de poder decir que no sin hacerle daño ni a él, ni tampoco a ti misma?
P. D.: He hablado en femenino durante todo el texto porque me he expresado desde mi propia vivencia, pero si eres un hombre y te sientes identificado, cuenta conmigo también.