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El tiempo que me dedicas

No sentirte elegida, no sentirte su prioridad. A veces, echar de menos a alguien habla de echarse de menos a una misma.

No sentirte elegida. No sentirte su prioridad. Sentir que eres la última de la lista. Sentir que, si te dedica mucho tiempo, molestas, es demasiado. Sentir que no mereces tanto tiempo y, a la vez, desear más atención. Sentir que persigues a alguien que no está presente, aunque lo esté físicamente. Sentirle lejos, echarle de menos, reclamar amor y, a la vez, protegerse de él.

Qué lío, ¿no?

Yo aquí veo dos cosas.

1. A veces, echar de menos a alguien habla de echarse de menos a uno mismo.

¿Te has planteado alguna vez, cuando has sentido que no te elige, si tú te estás eligiendo? Cuando sientes que no te atiende, ¿si tú te estás atendiendo? ¿Escuchando tus necesidades y satisfaciéndolas?

¿Sabes la famosa frase de buscar fuera lo que tenemos dentro? Hablo de esto.

Me doy cuenta de que, a veces, buscamos en el otro la atención que no sabemos que podemos darnos a nosotros mismos, y a veces es simplemente por un tema de falta de conocimiento. Por un tema de cómo hemos entendido que funciona el mundo.

Yo, de verdad, aunque estudié cuatro años de Psicología, no sabía que dentro de mí había amor. No sabía que yo me podía cuidar a mí misma, atenderme. Pensaba que las relaciones estaban para eso y ya está.

Ahora sé que sí, en parte, las relaciones nos dan todo esto. Somos seres sociales y necesitamos al otro, claro que sí. Pero la relación con nosotros mismos es una base muy importante.

Cuando no hay relación con uno mismo, cuando no sabes todo lo que puedes sentir por ti mismo hacia ti, y vives hacia fuera, con un reclamo constante de validación, atención y amor, la vida es muy dura. Mucho.

Cuando equilibras lo que buscas fuera y lo que buscas dentro, la vida se suaviza. De golpe, tienes compañía, necesitas menos, sientes que tienes más.

Y quizás no ha cambiado nada externo. Simplemente has puesto tu mirada hacia dentro y has encontrado un tesoro infinito.

2. La segunda cosa que veo es el doble filo de este reclamo.

A veces, el simple hecho de vivir en ese reclamo es lo que nos bloquea de sentir lo que el otro nos da.

Si yo vivo constantemente reclamándole a mi padre que me ame, yo se lo pido desde una sensación de carencia, de «me faltas», «me falta tu amor», y lo que sucede es que, por mucho que él me lo dé, me atienda, me escuche, me abrace, lo que sea, yo no puedo sentirlo, porque sigo en ese reclamo. Nunca es suficiente. Lo bloqueo, porque dentro de mí hay dolor, carencia y quizás una mente que se ha creído que no lo merezco si no me esfuerzo. Pero eso no es real.

En cambio, si yo dejo de reclamar y simplemente me abro a la posibilidad de sentir amor, estoy abriéndole las puertas al amor. Entonces ya no hay bloqueo. Me abro a la realidad y siento lo que sea que haya.

Y la realidad siempre es mejor que cualquier fantasía, por maravillosa que sea. El autoengaño acaba explotando por algún lado. Podemos pasarnos una vida mintiéndonos a nosotros mismos, pero el cuerpo lo acabará expresando por algún lado. (Es mi opinión, según lo que veo y siento en otros y en mí).

Esto tiene que ver con lo que se habla tanto hoy en día de la abundancia. No se trata de engañar al universo haciéndole creer que eres abundante para que te lleguen cosas. Se trata de, como en el punto número uno, poner la mirada hacia dentro y, al encontrar este tesoro de amor que todos tenemos dentro, vivir desde un lugar más amable, abundante.

Y es entonces cuando el amor fluye y se siente tanto desde dentro como desde fuera, de los demás.

Aquí voy a ser muy sincera y te diré que es algo que estoy experimentando por primera vez desde hace tres meses. Y no vivo cada día desde esta abundancia ni siento cada día este amor desde dentro. Pero se está convirtiendo en un anclaje muy potente para mí.

Acciones como mirarme al espejo y decirme que me quiero, ponerme una mano en el pecho y recordarme que estoy aquí, respirar y recordar que no estoy sola, parar, observar mis pensamientos y recordarme que no me identifique con ellos, que la mente tiene miedo y por eso intenta protegerme con pensamientos negativos.

La mente es la que cree que le falta y la que busca fuera desesperadamente. Pero yo no soy mi mente, ni tú la tuya.

Para mí, hay algo más dentro de cada uno, algo infinito, lo que, según mi entendimiento, es el alma.

Este sería un resumen de mi perspectiva a día de hoy. Es un camino tan bonito hacia dentro e infinito que digo «a día de hoy» porque creo que hay mucho por experimentar y descubrir en este camino.

Y he llegado a estas reflexiones por varios motivos. Uno de ellos, años sintiendo que me falta, que me falta el amor de un hombre en concreto, y persiguiéndolo, buscándolo en otros hombres.

Y claro, nunca negaré esa necesidad de conexión, vínculo y socialización con el otro. Nunca. Creo que es de las necesidades y capacidades más bonitas y naturales que tenemos los seres humanos.

Pero creo que, para que esa conexión fluya, si esas dos personas se vinculan desde esa actitud interna amorosa, de abundancia, la vida y las relaciones son más suaves y profundas.

Conclusión: a seguir amando al otro tanto como a uno mismo. A seguir dedicando tiempo al otro tanto como a uno mismo. A seguir compartiendo. A seguir cuidando al otro tanto como a uno mismo.

¿Qué puede haber más bonito que la capacidad de amar?

Estamos de acuerdo en que todos tenemos esta capacidad como seres humanos, ¿no? Ahora está en la mano de cada uno decidir si usa esa capacidad con la que ha nacido o no.

Yo sí quiero :)

Un abrazo.

— Margarita Margenat

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